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1 de noviembre de 2011

Historia...

EL PUEBLO SIN VOZ 

Era una casa muy grande, para tan solo  dos habitantes de ese hogar,  tifany y su madre llevaban tiempo viviendo allí. Alice dos años sin salir de esa casa, Había perdido su empleo de enfermera en el hospital central. Hospital que había sido quemado, y quien sabe por qué. Desde ese entonces Alice poco habla, de hecho todos los que pertenecieron a ese lugar, doctores, enfermeros, pacientes, visitantes y demás personal que había estado ahí, ese cinco de abril del noventa y dos. Todos tomaron un extraño comportamiento. Y una vez más quien sabe por qué.  tifany en cambio, iba a la escuela pública, y en las tardes trabajaba como mesera de o’ campus un restaurante, más bien el único restaurante del pueblo, por cierto no muy lejos de su casa.  Era poco lo que ganaba en sí, pero bastaba para comer en el día.
-Hace dos años-recuerda Morgan  (habitante de ese pueblo, vecino y amigo imborrable para la familia hessel, tifany hessel y Alice hessel): no me hallaba tan confundido. Se escucho una explosión en el pueblo, pueblo pequeño claro, que de por sí, se conoce a la mayoría de los habitantes. Al dirigirme hacia el hospital central, un tumulto de gente ya se hallaba allí, algunos esperando por su familia que se encontraba dentro y otros solo por curiosidad. Yo por supuesto, pensando en la señora hessel. Se escuchaba murmullos e hipótesis de todas esas personas, unas decían que fue que se estallo el gas de la cocina que seguramente habrían dejado abierto; para otras personas un paciente desquiciado lo habría provocado. Entre esas suposiciones, escuche la voz de Alice, me llamaba a gritos, y fue esa la última vez que la escuche gritar. Apresurado fui hacia ella. La sostuve con mis brazos, donde sutilmente se dejo caer. Estaba asfixiada por el humo.
Declaraciones como esta, ya se habían escuchado por los pobladores, pero ninguno con una teoría exacta de lo que había acabado de ocurrir aquel sábado cinco de abril.             
Tifany era una joven rebelde, la falta de autoridad o la "libertad" que había conseguido durante su vida... Hacían ver en ella una rara actitud y desosiego ante la misma. Aunque a pesar de las piedras que se le habían cruzado en el camino, era más bien 'madura' para su edad. El hecho de que trabaje después de la escuela, que tenga la responsabilidad de llevar alimento para subsistir, organizar la casa de vez en cuando, y cuidar de su madre 'enferma'. Eran situaciones que no todas las jovencitas de su edad hacían. Pero algo le incomodaba a tifany, ese 'algo' no la tenía satisfecha con su vida, y no era su "estabilidad" económica, tampoco ver a su madre en ese estado. Era un estado donde su inconformismo con la actitud de las demás personas, le causaba alteraciones de ánimo. Quizá nunca se lo comento a nadie, por el mismo hecho de no creer, ni querer hablar con los demás.
 
Morgan habría dicho. Ese mismo día del interrogatorio que: "tifany era una chica difícil, que aunque sea linda por su físico, más bien fascinante para el ojo masculino. Nadie se atrevería a estar con una persona así, con mirada siempre como de odio". Pues sí, si enfrentabas un cara a cara con ella, podías sentir que te intimidaba su mirada, su frente fruncida y por supuesto su ignorancia hacia lo que le dijeses.
En fin, esos dos años que transcurrieron en ese pueblucho, con simples hipótesis, y sin ganas de averiguar que paso exactamente ese cinco de abril. Habían convertido a ese pueblo, en el pueblo de los extraños. Cualquier visitante, se encontraba con el rumor, mas nunca con la veracidad.

Existieron personajes que quisieron hacer la respectiva investigación, en el lugar de los hechos. Pero necesitaron de testigos, y absurdamente  ninguno quería hablar, y los habitantes que no estuvieron en el lugar, se guiaban de sospechas o suposiciones que hacían respecto al accidente. Como Morgan por ejemplo, dicha sospecha era que el hijo del señor Ferber, de tan solo 9 años, cuyas visitas eran habituales en ese hospital, ya que la señora de Ferber padecía de un absceso cerebral y había permanecido hospitalizada por varios meses. Pues la apreciación  de Morgan era que “el señor Ferber fumaba mucho, lo hacía a cada instante, y mandaba a su hijo por cigarrillos e incluso mandaba a él a botarlos en la basura, habiéndole enseñado antes como apagarlos. Quizá ese día, el pobre daniels habría olvidado apagarlo y al dejarlo caer en el cesto de basura toxica como de un hospital, habría causado el incendio.” Esas fueron las palabras de Morgan. Y sucesos parecidos ya habían sido escuchados.  Otro extraño caso de aquel cinco del cuarto mes del año noventa y dos, era que a pesar de que fue catalogado un incendio de extrema gravedad, el único incidente en las victimas era su insólita actitud. Ni un solo rasguño. Aparte de sus enfermedades para los pacientes claro. Ni una sola muerte. 


Albert Quijano, alcalde en ese entonces de el extraño pueblucho, afirma que aunque también le causaba intriga el accidente, decidió abandonar los interrogatorios, por no encontrar ni una sola respuesta o por lo menos una palabra que le explicase algo. Ya era habitual ver a hombres llegar a su despacho pidiendo permiso para hacer las respectivas investigaciones, pero a medida que pasaban los días, eran menos los curiosos e investigadores los que se interesaban en el caso. Caso que ya habían dado por perdido. “Al fin y al cabo no hubo muertos”. Expresó el alcalde Albert.  
Un cinco del cuarto mes del noventa y cuatro. Cerca de las cinco de la madrugada, como todos los días, Tifany estaba de pie, alistándose para ir a la escuela, preparando el desayuno para ella y su madre, ese preciso día, como se venía repitiendo cada año, tifany que acababa de cumplir los quince años exactamente una hora antes de levantarse. Hacia sus labores común y corriente, actuaba como lo habitual, mas siempre buscaba algún motivo para herir a su única acompañante en casa. Su madre.   
Sophie, era testigo de los extraños sucesos ya antes vistos solo por ella. Sophie era la encargada de dejar el periódico en cada casa del pueblo, recorría veinte kilómetros diarios antes de que aclareciera para que cuando despertasen los habitantes del pueblo, encontraran las noticias más importantes. Sus visitas eran puntuales en cada casa, era una joven extremadamente exagerada con el tiempo. “Ni un minuto más, ni un minuto menos” se lo repetía a quien le preguntase por su exactitud. Pues esa madrugada de lunes, ya contaba ella con observar  por la ventana que extraños sucesos ocurriesen dentro de aquella casa color blanco. La casa de las hessel. Sophie quien antes no había querido decir palabra alguna respecto al suceso, lo hizo para relatar lo que sus ojos asombrados vieron.
 – Era una extraña sensación. –Recordaba Sophie- jamás en la vida había visto tal acto, ni me lo hubiera podido imaginar, de entre las historias más terribles de la historia. Años atrás habría jurado que Tifany era una chica con problemas como todos nosotros los adolescentes. Y que sus insultos a su madre y sus  simulaciones de querer matarla habrían sido simplemente un sentimiento de rabia e histeria momentáneo, mejor dicho de cada día del mismo mes de cada año. Pero jamás reales. Ya la habría visto antes con un cuchillo en sus manos, con una almohada sobre la cabeza de la señora Alice y como de costumbre oírla gritarle insultos feos, insultos que nunca se le deben decir a una mamá.  Tal vez no lo entiendo o quizá ni las pocas personas que la conocen, logran comprender su actitud, su personalidad, su comportamiento… En ese preciso momento fue interrumpida por una voz, mi voz. Soy el señor Robert Hessel, investigador privado de toda el área de chicago, y jamás me rendí ante este caso, por la fatalidad de que se trataba de mi familia. Si. Mi antes esposa e hija. Personas a las que había ‘abandonado’ por mi trabajo, por mi labor como investigador, pues me tocaba más que viajar y viajar. Y de repente hacia ya unos seis años que no había vuelto a saber de ellas, pero un instinto paternal me hizo volver a ‘casa’. Y valla sorpresa la que me encontré hace un año. 
– ¿Cuando dices que cada cumpleaños, Tifany a tratado de matar a su madre, no has hecho memoria de que trato de hacerle o que ocurrió el cinco de abril del noventa y dos? Pregunte. Quería una respuesta concreta y al grano, no dudaba en escuchar quizá alguna suposición más que tenga que ver con el incendio. Lo excepcional   fue que…
– Ese día yo me encontraba en el hospital. Desde la noche anterior por vómitos y mareos. Añadió Sophie. “Me chocaba la idea de no poder dejar el periódico en cada casa como lo había hecho diario y puntual”.
– ¿y por qué tu actitud es diferente a los accidentados aquel día? Reproche.
 – oh no, yo habría salido un poco antes del incendio, sinceramente creo que lo que paso fue…
– basta estoy cansado de figuraciones de aquel día. Me altere, no era la respuesta que necesitaba, pero sospechaba también, que Tifany lo haya hecho. Si ninguna víctima de aquella parodia, quería dar declaraciones aun.
Mi única opción era llegar a tal casa blanca. Y hablar con Tifany. Tal vez con la primera que debí haber hablado. Lo hice un quince de abril del año noventa y cuatro. Pero lo que habría olvidado decir aquella Sophie era que Tifany y Alice ya habían muerto. Busque de nuevo a esta chica que habría dado con pistas.
– Lo extraño e insólito  de aquel cinco de abril del año noventa y cuatro, y no quiero interrupciones señor hessel. Expreso Sophie. Era que habría visto como Tifany le saco los ojos a su madre, sin ninguna refutación. Claro que la pelea duro bastante, pues parecía ser la señora Alice quiso hacer primero tal acto, de sacarle los ojos. Pero obviamente Tifany se le adelanto por completo e hizo lo que llaman, asesinar y después cometer un suicidio. Repito, cómo una hija puede ser capaz de hacer tal episodio. Y no habría podido hablar antes, señor hessel, si esa también es su pregunta, porque la mirada de tifany me dominaba para no poder abrir la boca. Pero esto se ha acabado, con la muerte de esa chica demonio.  
 – no hagas tal acusación niña. Amoneste. Pero en mi cabeza también retumbaba la idea de que mi hija no era normal.
Se hicieron los respectivos arreglos funerarios, bajo mi costo. Y los únicos asistentes fuimos el señor Morgan y yo.
Pero pocos días después de aquel fallecimiento, los habitantes tomaron un giro en torno a su actitud de silenciosos ermitaños. Habría, como dijo Sophie, abierto la boca, declarado haber visto al demonio de Tifany, quemar el hospital y con su aterradora mirada ordenar a cada personaje, hacer lo que a ella le gustase que hagan. Permanecer callados.
Hoy es treinta de noviembre  del noventa y cinco. Las declaraciones están dadas por cada víctima del aquel incendio. Y los investigadores, compañeros míos, ya han sido capaces de entrar al lugar de los hechos y acceder a cada pista, para llegar a la respuesta del ‘accidente’.
Aunque no encontremos pruebas físicas y contundentes, se ha declarado el hecho de que fue una aparición del demonio en carne de mi hija Tifany Hessel.  Los demonios nunca mueren, pero el cuerpo de Tifany ya habría estado cansado de permanecer con ese extraño ‘ser’. Quien sabe que pueda volver a ocurrir o a que familia o pueblucho le toque afrontar un suceso extraño como tal.
Con deseos de que nunca le pase… lo dejo
                                                         Aentamente: Robert Hessel. Año 95             
     
                                                                                                                                      Karen Eraso  
                                                                                                                                        5 Mayo 2011

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