EL VIEJO QUE NO QUERÍA SER VIEJO
Era un hombre viejo, dijo la vecina; tan viejo que las tortugas de más años eran jóvenes para él; creo que el barrio completo pensaba lo mismo y al verlo simplemente lo convertían en rumores y todo el mundo lo apuntaba a él.
Ricardo y José siempre se burlaban de lo que hacía o dejaba de hacer, de su hablado que por ejemplo “chuy” significaba doler, y su cantadito los hacía enloquecer.
Tan solo vivía, que su soledad lo acompañaba, aunque a veces lloraba tenía que vivir. Pasaron los días y como siempre en las mañanas, recogía su periódico y les hablaba a sus amigas las flores del jardín. En la tarde se sentaba junto a su árbol que le daba sombra y veía como pasaban las horas en su día tan gris.
Rolando se llamaba este hombrecito que jugó solito por su largo vivir. Y sentado junto a su árbol en su silla mecedora se quedo dormido soñando con lo que ha de venir.
Antes de llegar a viejo sabia que la gente lo adoraba y admiraba su profundo sentido de compartir; su más grande secreto que lo llevaba solo a la felicidad con todo lo que ha de venir. ¿Pero cómo cambio ese pensamiento de la gente? ¿Pero cómo se lleno de chismes su mente? ¿Por qué tan solo sus palabras terminan en risa y es normalmente un chiste incoherente?
A veces se preocupaba este viejito por su edad, que cuando preguntaban sus años, el loco se hacía y les dejaba de hablar. O más bien a veces cuando ya no había más que hacer, decía que tan solo tenía la mitad.
Tan mal Rolando se sentía que ya ni cantar en la ducha podía… solo al verse al espejo una lagrima derramaba pensando en los rumores de la gente que escuchaba cuando caminaba…
Nadie le brindaba su apoyo y un amigo este necesitaba, pero la gente que lo “quería” era cuando él trabajaba, para pedir favores en montones llegaban, pero al verlo solo y triste estos se alejaban.
Los años pasaban, las horas se difuminaban y los días no dejaban de contar la edad. 80 años, 4 meses, 20 horas, un minuto y milésimas de segundos. Era su edad.
Tan profundo se quedo que soñando recordó. Como había sido su vida antes de llegar a tan solo sentarse en su silla, y convertirse en su pesadilla de un pobre viejo sin nadita que hacer.
Pero eh aquí su historia que empieza desde su tan bonito nacer. “La Cruz” se llama el pueblo el que oyó su primer temer. Lo miro correr o más sencillo lo vio crecer. Desde pequeño hablar era su fuerte que cuando tenía 12 una emisora lo ha de entender. Feliz de la vida dio su primer paso a lo que en su carrera se ha de volver.
Sus padres lo ignoraban y sus hermanos se burlaban, cuando lo oían hablar no creían que este niño se volvería en un ser que a la gente haría estremecer cuando lo escuchaban y su voz los acompañaba cada día al amanecer.
Y así sus historias se convirtieron en solo la radio, que ya de grande no dejaba de sonreír porque su sueño se había cumplido.
Ahora, si me pongo a narrar de los amores que le llegarían a su vida jamás terminaría de escribir y tu de leer. Pues Rolando me contaba cada día una historia más de vida, que siempre terminaba con una niña enamorada de él.
Pero bueno; el creció mas, y estudiar era lo que ahora tenía que hacer. Viajó por "el mundo" aunque lo digo en comillas porque es mentiras. Solo fueron como 500 kilómetros los que ha de recorrer. Cali se volvio la ciudad de su estudio y Dagua otro pueblo que lo escucharía en una estación al anochecer, emisora de ese entonces que confió en su habilidad y que famoso lo ha de volver.
Regreso a la capital del departamento que lo vio nacer. Y desde aquel entonces trabaja en la cadena radial más importante del país como la abeja que busco la miel.
Cuando escuchaba sus historias parecía tan vivido que no paraba de pensar como este hombre llego a ser tan conocido como el mejor que la historia a de tener.
- Me resbala lo que piense la gente, dijo Rolando. Más bien estoy seguro que soy feliz, con lo que tengo, con lo que hice, con lo que hago y con las oportunidades que me da la vida y me hacen querer más a mi ser.
Esto pensaba el viejito antes de envejecer, pero ahora sus deseos no eran los mismos de ayer:
- Si apareciera una lámpara de Aladino en mi vida, que un deseo me ha de conceder, con seguridad pediría que viejo no quisiera ser; que solo no estuviera y que la gente me quisiera así como la juventud quimera.
Pero un hada se apareció, que de sorpresa le cayó su deseo le cumplió y entonces este cuento termino.
- Así es; viejo dejaras de ser, pero tan solo por fuera esta el envejecer, solo quiero hacerte entender que no importa lo que piense la gente llegar a ser viejo es saber crecer, saber ser consciente que los años pasan pero nunca dejaras de ser esa persona humilde y con tanta alegría así que escucha muy bien mi querer: Se queja el ser humano si envejece, suspira ante el espejo resignado, que cruel ante sus ojos le ha mostrado y en sueños de recuerdos hoy se mece. El paso de los años enriquece, sus canas son la firma del pasado, reflejo de vivencias han marcado y anclado a su memoria permanece. Mas no debemos nunca arrepentirnos, que todo en nuestra vida son lecciones, de aquello que vivimos fiel reflejo. Nacemos a sabiendas de morirnos, por lo tanto, abandona compasiones, peor es para aquel que nunca envejece.
- Que mas puedo decirte "viejo" amigo más joven es el que envejece por que entiende a perfección la vida y ha pasado por tantas cosas diferentes que más maduro este se vuelve.
- Más bien me despido "hombre de canas" que muy pronto tendré yo porque es ley de la naturaleza crecer para al final envejecer. Y si marchitan las flores no es por que dejen de ser bellas si no que así la vida a de ser.
Y colorín colorado
este cuento se acabado
Y este es el fin de
un buen comienzo estamos jóvenes así que a disfrutar la vida.
Dedicado a mi mejor amigo, Rolando Garcez!
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